Sensaciones sobre «Embassytown»

portadaEmbassytownPrimera novela que leo de China Miéville y definitivamente no será la última —ya está a la venta, por cierto, su último trabajo This Census-Taker—.

La novela me ha parecido espectacular, brutal y 100% recomendable. El tipo desborda imaginación y activa todas tus neuronas creando una atmósfera que, sin profundizar en los detalles, aunque hay mucha descripción, deja un espacio inmenso para que construyamos nuestro universo. Este es uno de los aspectos que más me ha emocionado de la novela. Ese sin cesar de pinceladas que crean, construyen y abren una campo ilimitado que permite al lector rellenar y colorear a su antojo con los referentes que pueda tener. Creatividad en estado puro.

La estructura de la novela también me ha parecido brillante. Primero te inmersa con un Proema y al igual que les sucede a quienes surcan al ínmer, uno se agita, se marea y encuentra el desasosiego y la excitación propias de quien se encuentra, cara a cara, frente a lo desconocido.

Después, va intercalando episodios que divide en «Anteriormente» y «Actualidad». En los primeros expone y describe paulatinamente el pre-texto, los escenarios, presenta los actantes; en los segundos se desarrolla y avanza la trama. Presente y pasado avanzan de la mano para convergir en el desenlace de los acontecimientos que sacuden Arieka. La trama se va alimentando al tiempo que el contexto va cobrando forma; la narración se perfila a través de la idiosincrasia de los personajes, de los seres y de los espacios. Y es que, sin sostener una acción trepidante a lo largo de la novela (que también la hay), esta reside en la naturaleza misma de los personajes: entendiéndolos y construyéndolos se forma el hilo narrativo y la acción de la novela. Sutil, pausado e inteligente. No tiene prisa en que el lector comprenda. Como los Ariekei, el lector descubre un mundo nuevo a través del lenguaje, formándose así, un universo de posibilidades.

La cuestión del lenguaje, germen del hilo narrativo y núcleo central de la trama, es otro de los aspectos que más me ha gustado. Aunque las divagaciones lingüísticas pueden resultar en algún punto un tanto hardcore, sostienen la trama. El lenguaje como vehículo complejo entre los seres y entre estos y su entorno: a través del lenguaje se construye la realidad, nos construimos a nosotros mismos, y es, precisamente, a través de su última expresión, la comunicación, donde se construye la convivencia y —en definitiva—, las sociedades.

Es una novela muy inteligente, extremadamente creativa y a la altura de grandes del género como Philip K. Dick. Esta novela aporta a la literatura y sobre todo aporta al género. Sin duda, Miéville se ha convertido para mí, en el autor que ha conseguido dar un paso hacia delante en el género de la ciencia ficción, le aporta frescura y lo hace crecer para situarlo donde se merece. Simplemente genial, una obra maestra de obligada lectura para los amantes del género.

La novela ha sido traducida por Gemma Rovira y publicada en Fantascy.

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