«This Census-Taker», China Miéville

thisCensusTaker

Oscuro, extraño, emotivo. Breve, anecdótico (no en el sentido de irrelevante). Eso es This Census-Taker. Es como observar por un pequeño agujero en el que la imagen nítida del centro aparece rodeada por unos márgenes borrosos. Esa es la sensación que he tenido al leer This Census-Taker.

La novela arranca con la escena de un niño corriendo ladera abajo, con el rostro transformado por el llanto y el horror, los brazos extendidos y las manos rojas, manchadas de sangre.

El narrador es ese niño anónimo que relata, años después, a base de recuerdos, cómo era su vida antes y después de la tragedia. La incertidumbre cobra protagonismo nada más empezar, cuando el niño trata de explicar lo que ha visto. ¿Qué ha pasado? ¿La madre mató al padre? ¿Fue el padre quien acabó con la madre? El personaje trata de entender lo que le rodea y con él vamos descubriendo su mundo, con todos los interrogantes que un niño de nueve años puede tener.

La soledad y el desamparo tiñen toda la novela. Con una narrativa compleja, llena de huecos e imprecisiones, nos adentramos en una atmósfera extraña, oscura y con un toque fantástico y sobrenatural. Sobre el entorno solo asoman impresiones, conjeturas. Sabemos que algo debió de pasar antes de todo eso porque las cosas ya no son como eran; que más allá de lo que se ve hay algo porque se oyen ruidos y animales. Sabemos que hay otras ciudades, otras gentes porque hay quien viene de allí. Que en la cumbre de la colina están las casas más pobres y que desde allí se ve la ciudad, abajo, conectada a sus faldas por un puente. Y sabemos que hay algo más, que tiene que haberlo, pero no lo conocemos porque no nos lo cuentan. Nos quedamos en los límites del misterio, de la sospecha, de lo que se esconde detrás del resalte, entre la niebla o al otro lado de la colina.

El estilo ayuda a crear esa atmósfera amarga y opresiva, aunque también consigue perfilar de forma clara, directa y escueta un momento, un carácter, una sensación. Da la impresión de que el autor se encuentra muy cómodo desde el principio, parece que relata a su antojo; cambia el tono, el ritmo, pasa de tercera a primera persona, se mueve sin problemas entre lo real y lo rayano en lo fantástico, y los mezcla como si compartieran el mismo plano. De nuevo en esta novela, China vuelve a dejarnos un enorme espacio a la imaginación, abre brechas que seguramente no rellenará, o sí… y que, en cualquier caso, exigirá un lector activo y abierto. La verdad es que me lo imagino diciendo: «si sé más no tengo por qué contártelo, y tampoco tengo por qué saberlo todo».

Es la segunda novela que leo de China Miéville. La primera fue Embassytown (impresionante). Si esperáis algo parecido, olvidadlo: no tiene nada que ver. Aún así, la recomiendo. Ya diréis qué os ha parecido si os ponéis con ello. Que yo sepa no ha salido la traducción y tampoco sé si la habrá en un futuro aunque ando un tanto desconectada, la verdad. ¡Si alguien lo sabe que lo diga!

Anuncios

Sensaciones sobre «Embassytown»

portadaEmbassytownPrimera novela que leo de China Miéville y definitivamente no será la última —ya está a la venta, por cierto, su último trabajo This Census-Taker—.

La novela me ha parecido espectacular, brutal y 100% recomendable. El tipo desborda imaginación y activa todas tus neuronas creando una atmósfera que, sin profundizar en los detalles, aunque hay mucha descripción, deja un espacio inmenso para que construyamos nuestro universo. Este es uno de los aspectos que más me ha emocionado de la novela. Ese sin cesar de pinceladas que crean, construyen y abren una campo ilimitado que permite al lector rellenar y colorear a su antojo con los referentes que pueda tener. Creatividad en estado puro.

La estructura de la novela también me ha parecido brillante. Primero te inmersa con un Proema y al igual que les sucede a quienes surcan al ínmer, uno se agita, se marea y encuentra el desasosiego y la excitación propias de quien se encuentra, cara a cara, frente a lo desconocido.

Después, va intercalando episodios que divide en «Anteriormente» y «Actualidad». En los primeros expone y describe paulatinamente el pre-texto, los escenarios, presenta los actantes; en los segundos se desarrolla y avanza la trama. Presente y pasado avanzan de la mano para convergir en el desenlace de los acontecimientos que sacuden Arieka. La trama se va alimentando al tiempo que el contexto va cobrando forma; la narración se perfila a través de la idiosincrasia de los personajes, de los seres y de los espacios. Y es que, sin sostener una acción trepidante a lo largo de la novela (que también la hay), esta reside en la naturaleza misma de los personajes: entendiéndolos y construyéndolos se forma el hilo narrativo y la acción de la novela. Sutil, pausado e inteligente. No tiene prisa en que el lector comprenda. Como los Ariekei, el lector descubre un mundo nuevo a través del lenguaje, formándose así, un universo de posibilidades.

La cuestión del lenguaje, germen del hilo narrativo y núcleo central de la trama, es otro de los aspectos que más me ha gustado. Aunque las divagaciones lingüísticas pueden resultar en algún punto un tanto hardcore, sostienen la trama. El lenguaje como vehículo complejo entre los seres y entre estos y su entorno: a través del lenguaje se construye la realidad, nos construimos a nosotros mismos, y es, precisamente, a través de su última expresión, la comunicación, donde se construye la convivencia y —en definitiva—, las sociedades.

Es una novela muy inteligente, extremadamente creativa y a la altura de grandes del género como Philip K. Dick. Esta novela aporta a la literatura y sobre todo aporta al género. Sin duda, Miéville se ha convertido para mí, en el autor que ha conseguido dar un paso hacia delante en el género de la ciencia ficción, le aporta frescura y lo hace crecer para situarlo donde se merece. Simplemente genial, una obra maestra de obligada lectura para los amantes del género.

La novela ha sido traducida por Gemma Rovira y publicada en Fantascy.