Luna #1 de IanMcDonald

Título original: Luna. New Moon
Traductor: José Heisenberg
1.ª edición: mayo 2016

Bueno, bien. Me ha gustado. Bastante. Mucho… Muchísimo. Me ha enganchado rápido y me ha seducido mucho el estilo directo, claro y bruto de Ian McDonald. Personajes muy bien perfilados, con carácter, muy vivos, auténticos.Luna, Ian McDonald Y la acción, rodeada de auténticas intrigas palaciegas. Sí, he de decir que me vi un tanto abrumada con tanto nombre nada más arrancar la novela (incluye una guía de personajes al principio de la novela) que, con mi memoria a corto plazo, me hizo temer que acabara sin enterarme de nada, con la consiguiente tensión inicial de estar página tras página pensando “acuérdate: Marina, la de tal; Rafa Corta, ese de tal; Lucasinho, hijo de…). Pero te atrapa y no te lías: los personajes son inconfundibles.

La trama gira en torno a la lucha de poder entre dos de las grandes familias de la luna: los Mackenzie (dueños de Mackenzie Metals) y los Corta (propietarios de Corta Hélio). Los Asamoav, los Sun y los Vorontsov completan la lista de los Cinco Dragones. Entre ellos y sus empresas se reparte la explotación y gestión de la luna. El poder reside en las familias y así, a modo de plurimonarquía empresarial, el poder económico se va heredando y afianzando por medio de alianzas y contratos matrimoniales. En esas tensiones y armonías entre dinastías nos vemos inmersos al poco de arrancar la novela… y hasta la última página. Trepidante.

Uno de los aspectos interesantes es la forma de organizarse en la Luna. Digamos que se han ido juntando allí un montón de personas y, lejos de aplicar las costumbres terrestres, se han se han ido organizando sobre la marcha y a golpe de pico y pala, tanto las estructuras sociales como las propias instalaciones y ciudades. Allí tienen montada una especie de pseudoanarquía capitalista y el feudalismo más medieval. ¿Tiene sentido? Por ejemplo, al no tener una legislación al uso, si alguien realiza un acto en perjuicio de otro, este último lo denuncia ante los tribunales y se lidia el asunto tratando de pactar un acuerdo, o bien con una compensación económica o, si no se llega a ningún acuerdo, se resuelve con un duelo… así, al más puro estilo dieciochesco. La democracia es para los terrestres. A los lunarios como los Corta no les va la democracia.

El entorno, la luna: el territorio hostil. Basta el mínimo error para que la luna acabe con cualquiera. Allí han ido construyendo ciudades a modo de oasis, excavadas en la inerte, extrema y silenciosa superficie lunar. Desde las primeras páginas, con la carrera lunar, nos avisa: la luna mata y mata de forma fea.

La construcción de los personajes es brutal desde el minuto uno. Hay contundencia, coherencia, ejecución. Encarnan la acción de la novela, hay maquinación, hay propósito. No hay acciones casuales. En la luna todo esta medido, todo es fruto de la mano del hombre. Son personajes con gran personalidad (unos más que otros) y están muy bien trabajados. El estilo tan afilado del autor los moldea de forma rápida e inequívoca. Los personajes molan mucho.

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