Sunflower Sutra, Berkeley, 1955

Ya que estoy con euforia lectora, os dejo una joya de Allen Ginsberg, poeta de la Generación Beat y padre del movimiento hippie.

Primero recitado en inglés y abajo la traducción (que no recuerdo de quién es y lamentablemente, ya no tengo el libro).

Al final hago una pequeña reflexión sobre el poema.

Os dejo el texto en castellano:

Caminé por las orillas del muelle de latas y bananas
y me senté bajo la inmensa sombra de una locomotora
de la Southern Pacific para observar el ocaso sobre las
colinas de casas como cajas de zapatos y llorar.

Jack Kerouac estaba sentado junto a mí sobre un poste de hierro,
roto y herrumbroso, compañero, pensábamos los mismos
pensamientos del alma, desolados y sombríos y con la mirada triste,
rodeados por las nudosas raíces de acero de árboles de maquinaria.

La aceitosa agua del río reflejaba el cielo enrojecido,
el sol se hundió sobre los picos finales de Frisco,
no hay peces en ese arroyo, no hay ermitaño en esos montes,
tan sólo nosotros mismos con ojos legañosos
y resaca como viejos vagabundos en la ribera del río,
cansados y taimados.

Fíjate en el Girasol, dijo él, había una sombra gris y muerta
recortándose contra el cielo, grande como un hombre,
erguida seca en lo alto de una montaña de viejísimo serrín —

Subí encantado atropelladamente — era mi primer girasol,
recuerdos de Blake — mis visiones — Harlem

e Infiernos de los ríos del Este, puentes campaneantes Grasientos
Sandwiches de Joe, difuntos coches de niño,
ruedas negras y sin dibujo olvidadas y sin recauchutar,
el poema de la ribera, condones & cacerolas, cuchillos de acero,
nada inoxidable, sólo el hediondo cieno y los artefactos
afilados como cuchillas en tránsito hacia el pasado —

y el Girasol gris apostado contra el ocaso, resquebrajable desolado y
polvoriento con el tizne y la contaminación y el
humo de antiguas locomotoras en su ojo —

corola de indistintas púas dobladas y rotas como una corona machacada,
las semillas caídas de su faz, boca que prontamente
estará desdentada de soleado aire, rayos de
sol obliterados sobre su peluda cabeza como una reseca
tela de araña de alambre,

hojas extendidas como brazos saliendo del tallo, gesticulaciones de la
raíz de serrín, trozos rotos de yeso caídos de las negras ramitas,
una mosca muerta en su oreja,

Qué cosa impía y machacada eras, mi Girasol. ¡Oh mi alma,
te amé entonces!

La mugre no era mugre de hombre alguno sino muerte y
humanas locomotoras,

todo aquel traje de polvo, aquel velo de oscurecida piel de vía férrea,
aquella polución de la mejilla, aquel párpado de negra miseria,
aquella enhollinada mano o falo o protuberancia de algo artificial
peor que la mugre — industrial — moderno—
toda aquella civilización moteando tu delirante áurea corona —

y aquellos desolados pensamientos de muerte y polvorientos ojos sin
amor y extremos y raíces resecas debajo, en el amontonamiento-hogar
de arena y serrín, billetes de a dólar de goma,
pellejas de maquinaria, las tripas y entrañas del
sollozante y doliente automóvil, las vacías y solitarias latas
con sus oxidadas lenguas ¡ay!, qué más podría yo citar, las
ahumadas cenizas de algún cigarro pene, los coños de las
carretillas y los lechosos pechos de los automóviles, culos
desgastados de sillas & esfínteres de dinamos — todos
éstos enredados entre tus momificadas raíces — ¡y tú ahí
erguido ante mí en la puesta del sol, toda tu gloria en tu forma!

¡Una perfecta muestra de belleza de girasol! ¡una perfecta excelente
adorable existencia de girasol! ¡un dulce ojo natural para la nueva luna
enrollada despertó vivo y excitado aferrando en las sombras
del ocaso la mensual brisa dorada del amanecer!

¿Cuántas moscas zumbaron a tu alrededor inocentes de tu mugre,
mientras maldecías a los cielos del ferrocarril y de tu alma de flor?

¿Pobre flor muerta? ¿cuándo olvidaste que eras una flor?
¿cuándo miraste tu piel y decidiste que eras una sucia
y vieja locomotora impotente? ¿el fantasma de una locomotora?
¿el espectro y la sombra de una otrora poderosa y
demente locomotora americana?

Jamás fuiste una locomotora, Girasol, ¡fuiste un girasol!

Y tú locomotora, tú eres una locomotora, ¡no olvides lo que te digo!

De modo que arranqué el girasol delgado como un esqueleto
y lo sujeté a mi costado como un cetro,
y entono mi sermón frente a mi alma, y también frente a la de Jack,
y de la de quienquiera que desee oírlo,

No somos nuestra piel mugrienta, no somos nuestra desolada terrible
polvorienta locomotora sin imagen, todos somos
hermosísimos girasoles dorados en nuestro interior,
estamos benditos por nuestra propia semilla & nuestros
dorados y peludos desnudos cuerpos de logro que crecen
para transformarnos en dementes girasoles formales en el ocaso,
espiados por nuestros ojos bajo la sombra de la loca locomotora
ocaso de ribera en Frisco visión colínica de latas al anochecer sentados.

En noviembre de 1952, The New York Times publicó un artículo cuyo título fue «La Generación Beat». Representó el bautismo oficial de un grupo de escritores beat, palabra que define a quienes decidieron vivir renunciando a las normas sociales y a los patrones tradicionales. Un grupo cuyo motor era el deseo de experimentar con la vida, las drogas y el sexo frente a las pautas establecidas, frente a la nueva sociedad de consumo, en un contexto en el que los Estados Unidos se erigían como potencia mundial a nivel político, militar, económico y cultural. La Generación Beat decidió vivir en el límite de lo convencional convirtiéndose en marginados sociales.

Sunflower Sutra forma parte de una colección de poemas de Allen Ginsberg publicados en 1956 bajo el título del primer poema de la colección, Howl, que bien podría representar el auténtico himno de la Generación Beat.

Ginsberg, a diferencia de otros escritores beat, que no respondían a ningún compromiso social, utiliza su poesía como instrumento. Sus poemas, repletos de obscenidad, con duras críticas a la política, al militarismo, poemas en los que exalta la sexualidad, el consumo de drogas y lanza críticas a una religión opresiva e hipócrita, tratan de romper tabúes, de agitar las mentes de una sociedad alienada y políticamente correcta, cegada por el estilo de vida americano. Intenta liberar las mentes del consumismo, la opresión y las reglas convencionales.

En Sunflower Sutra, Ginsberg reivindica la naturaleza como vehículo de liberación frente a una sociedad que ha perdido el alma entre el artificio moderno. Presenta una naturaleza siempre intrincada y atrapada en las estructuras artificiales de la modernidad. El pulso silencioso de la naturaleza late todavía en un esfuerzo por sobrevivir y encontrar su espacio entre las estructuras grises y herrumbrosas. Así, Ginsberg nos describe su visión representada en ese girasol que se abre camino a través de las olvidadas grietas de la industria. Este girasol, profundamente enraizado en una montaña de viejo serrín, nutrido con los restos abandonados de la industria, que se funde con la penumbra industrial, cubierto en polvo gris.

Ginsberg lo contempla con tristeza, es la encarnación del sentimiento, de la vida y de una libertad que se va marchitando lentamente. Nuestro girasol, como nosotros mismos, cubiertos por el polvo de la modernidad, se ha olvidado de su propia esencia, de su condición de «ser natural». ¿En qué se ha convertido el hombre occidental? ¿Acaso el humo de la industria nos ha robado el alma? ¿Dónde está nuestra áurea corona? ¿Somos naturaleza?

Al final del poema, Ginsberg arranca el girasol —el renacer de la naturaleza a través de la muerte—, lo alza a modo de cetro y entona su sermón, un grito de liberación hacia la naturaleza, a la esencia de la humanidad, a la libertad, libres de la represión industrial que inmoviliza el espíritu del hombre con su polución. Somos hijos de la tierra, somos naturaleza y la naturaleza es esperanza.